21.8.18

La filosofía consiste en mostrar lo que otros ocultan

Garrett Thomson

La filosofía no es solo cuestión de saber, es también cuestión de actitud. 

Hay un lugar en Oxford donde algunos profesores toman el sol al desnudo. Por alguna razón, el lugar es llamado El Placer del Sacerdote. Allí pueden hallarse en las tardes de verano, por una entrada que va hasta el rio Támesis, a algunos sabios ancianos leyendo sus periódicos. No es una cosa digna de verse, como descubrieron unas jóvenes damas una tarde infortunada.

25.7.18

Las tres transformaciones del espíritu

Friedrich Nietzsche
El autor de Así habló Zaratustra examina las transformaciones y la lucha del espíritu humano que busca su emancipación: pasar de camello a león, y de este a niño. Transformarse, una y otra vez,  se trata "de separarse, de alejarse de aquello a lo cual habría necesidad de decir no una y otra vez" (Ecce Homo, 3) hasta "llegar a ser - como decía Píndaro - el que es", a producir y descubrir el verdadero deseo. Sirve como corolario al texto de Nietzsche, lo que dice Gilles Deleuze: "Nunca encontraremos el sentido de algo, si no sabemos cual es la fuerza que se apropia de la cosa, que la explota, que se apodera de ella o se expresa en ella" (Nietzsche y la filosofía).   Para acceder al texto de Nietzsche: PDF




5.6.18

La filosofía nos enseña a ver la vida de otra manera

Garrett Thomson
Hay dos monjes budistas jóvenes a quienes les fascina fumar. Se arman de valor y deciden preguntarle al monje mayor si les concede el permiso para fumar durante las largas sesiones de meditación. El primer monje entra en el despacho del jefe del monasterio. Después de unos minutos, se escuchan gritos de ira en la oficina y el joven monje sale con rostro grave negando con la cabeza. El segundo monje entra en la oficina. Después de unos momentos, adentro se escuchan risotadas, y el segundo monje sale de allí con una gran sonrisa, asintiendo con la cabeza. El primer monje, perplejo, le pregunta a su amigo: “¿Por qué él te dio la aprobación, sabiendo que a mí me lo negó tan categóricamente? ¿Qué le preguntaste?” El segundo monje contesta: “Simplemente le pregunte si podía meditar mientras fumaba?

Garrett Thomson, Introducción a la práctica de la filosofía

18.5.18

El asombro como origen del filosofar

Aristóteles

Los hombres – ahora y desde el principio – comenzaron a filosofar al quedarse maravillados ante algo, maravillándose en un primer momento ante lo que comúnmente causa extrañeza y después, al progresar poco a poco, sintiéndose perplejos también ante cosas de mayor importancia, por ejemplo, ante las peculiaridades de la luna, y las del sol y los astros, ante el origen del Todo. Ahora bien, el que se siente perplejo y maravillado reconoce que no sabe (de ahí que el amante del mito sea, a su modo, “amante de la sabiduría”: y que el mito se compone de maravillas). Así, pues, si filosofaron por huir de la ignorancia, es obvio que perseguían el saber por afán de conocimiento y no por utilidad alguna. 
 
Metafísica, Libro I, cap. 2, 11-22.

 


24.4.18

La importancia de las buenas preguntas

Terry Eagleton

Se afirma con frecuencia que en el campo de la filosofía las preguntas son más importante que las respuestas. En efecto, una buena pregunta filosófica es capaz de despertar las ganas de aprender, desarrollar la investigación y estimular el pensamiento.    Versión PDF 

16.3.18

Los reinos sin justicia


San Agustín de Hipona

El filósofo Agustín de Hipona en el siglo IV plantea la justicia como la virtud central que fundamenta al poder político; aunque en la práctica, muchas veces, se quiera justificar dicho poder por medio de la fuerza. El texto corresponde al Libro IV, capítulo 4 de la Ciudad de Dios.   Texto en PDF.

 Cuán semejantes a los latrocinios son los reinos sin justicia. Sin la virtud de la justicia, ¿Qué son los reinos sino unos execrables latrocinios? Y éstos, ¿Qué son sino unos reducidos reinos? Estos son ciertamente una junta de hombres gobernada por su príncipe la que está unida entre sí con un pacto de sociedad, distribuyendo el botín y las conquistas conforme a las leyes y condiciones que mutuamente establecieron. Esta sociedad, digo, cuando llega a crecer con el concurso de gentes abandonadas, de modo que tenga ya lugares, funde poblaciones fuertes, y magníficas, ocupe ciudades y sojuzgue pueblos, toma otro nombre más ilustre llamándose reino, al cual se le concede ya al descubierto, no la ambición que dejado, sino la libertad, sin miedo de las vigorosas leyes que se le han añadido; y por eso con mucha gracia y verdad respondió un corsario, siendo preso, a Alejandro Magno, preguntándole este rey qué le parecía cómo tenía inquieto y turbado el mar, con arrogante libertad le dijo: y ¿qué te parece a ti cómo tienes conmovido y turbado todo el mundo? Mas porque yo ejecuto mis piraterías con un pequeño bajel me llaman ladrón, y a ti, porque las haces con formidables ejércitos, te llaman rey.

7.2.18

¿Por qué la filosofía no es una ciencia?

Luis Villoro

Porque la filosofía no es una ciencia. La filosofía no descubre nuevos hechos ni propone leyes que expliquen su comportamiento. La filosofía analiza, clarifica, sistematiza conceptos. Al hacerlo, pone en cuestión las creencias recibidas, reordena nuestros saberes y puede reformar nuestros marcos conceptuales. El análisis de los conceptos epistémicos es tarea de la filosofía, la explicación de los hechos de conocimiento, asunto de la ciencia; la pregunta por la verdad y justificación de nuestras creencias compete a la filosofía, la pregunta por su génesis y resultados, a la ciencia. 

 

 Creer, saber, conocer. (1982). México: Siglo xxi. P.12.

 

11.1.18

Resignación

Arquíloco de Paros
Poeta y guerrero, vivió en el siglo VII a.c., en la isla de Paros, en el mar Egeo. Rechazado por buena parte de la nobleza, a quien hizo blanco de sus sátiras. Considerado como el padre de la sátira. Antecesor del drama satírico del comediante Aristófanes y del poeta Horacio. Entre sus temas, caracterizados por la sinceridad, predominan la mesura y el esfuerzo.    
Versión PDF.                                        

              

   

Resignación

Corazón, corazón, de irremediables penas agitado,

¡álzate! Rechaza a los enemigos oponiéndoles el pecho,

y en las emboscadas traidoras sostente con firmeza.

Y ni, al vencer, demasiado te ufanes,

ni, vencido, te desplomes a sollozar en casa.

En las alegrías, alégrate, y en los pesares gime sin excesos.

Advierte el vaivén del destino humano. 

11.12.17

El hombre como historia

 José Ortega y Gasset

El filósofo español (1883-1955) en este fragmento de su obra Historia como sistema[1]contrapone la concepción del ser humano como una entidad con una naturaleza definida  frente a la del ser humano como algo no definido, sino siempre haciéndose a sí mismo. 

Mal podía la razón físico-matemática, en su forma crasa de naturalismo o en su forma beatífica de espiritualismo, afrontar los problemas humanos. Por su misma constitución, no podía hacer más que buscar la naturaleza del hombre. Y, claro está, no la encontraba. Porque el hombre no tiene naturaleza. El hombre no es su cuerpo, que es una cosa; ni es su alma, psique, conciencia o espíritu, que es también una cosa. EI hombre no es cosa ninguna, sino un drama – su vida, un puro y universal acontecimiento que acontece a cada cual y en que cada cual no es, a su vez, sino acontecimiento. Todas las cosas, sean las que fueren, son ya meras interpretaciones que se esfuerza en dar lo que encuentra. El hombre no encuentra cosas, sino que las pone o supone. Lo que encuentra son puras dificultades y puras facilidades para existir. El existir mismo no le es dado «hecho» y regalado como a la piedra, sino que –rizando el rizo que las primeras palabras de este artículo inician, diremos– al encontrarse con que existe, al acontecerle existir, lo único que encuentra o le acontece es no tener más remedio que hacer algo para no dejar de existir. Esto muestra que el modo de ser de la vida ni siquiera como simple existencia es ser ya, puesto que lo único que nos es dado y que hay cuando hay vida humana es tener que hacérsela, cada cual la suya. 

Para seguir leyendo: PDF

18.10.17

Los dioses de Delfos: Apolo y Dionisio

Umberto Eco 
     Según la mitología, Zeus habría asignado una medida apropiada y un justo límite a todos los seres: el gobierno del mundo coincide así como una armonía precisa y mesurable, expresada en las cuatro frases escritas en los muros del templo de Delfos: “Lo más exacto es lo más bello”, “Respeta el límite”, “Odia la hybris (insolencia)”, “De nada demasiado”. En estas reglas se basa el sentido general griego de la belleza, de acuerdo con una visión del mundo que interpreta el orden y la armonía como aquello que pone un límite al “bostezante Caos” de cuya garganta brotó, según Hesíodo, el mundo. Es una visión que cae bajo la protección de Apolo, que efectivamente está representado entre las Musas en el frontón occidental del templo de Delfos. Pero en el mismo templo (que se remonta al siglo IV a.C.), en el frontón oriental opuesto, está representado Dionisios, dios del caos y de la desenfrenada infracción de todas las reglas...  Seguir leyendo.

22.8.17

La infelicidad en la literatura

Augusto Monterroso

Como señala el escritor hondureño (1921-2003), la literatura parece estar más vinculada al dolor y a la infelicidad, pues pareciera que la felicidad termina siendo catalogada de superficial.

La literatura está más hecha de lo negativo y de lo adverso y, sobre todo, de lo triste. El bienestar, y específicamente la alegría, carecen de prestigio literario, como si el regocijo y los momentos de felicidad fueran espacios vacíos, vacíos y por lo tanto intransferibles, de los que el verso y la prosa serían malos portadores. Parecería que sólo los bobos están contentos y que hay que evitar a toda costa mostrarse tonto; el genio, en cambio, se presenta siempre como profundamente preocupado, cuando no sumido en el dolor y la incomprensión. Si declaro que me encuentro bien y feliz, a nadie le importa; aparte de que la declaración misma de felicidad tiene algo de insultante; debo decir que estoy mal, o triste, para que mi posible lector tenga a quien compadecer y se alegre y acaso hasta me perdone que sea yo el que escribe y él el que lee. Los románticos salvaron a Cervantes del olvido cuando descubrieron que su libro era un libro triste. "

Tríptico