Ir al contenido principal

Los mapas conceptuales como herramienta para el análisis, la argumentación y la interpretación

Por Edgar Bravo

La elaboración de mapas conceptuales permite dar cuenta del grado de comprensión de una teoría o una temática al mostrar la manera como se articulan los conceptos principales y secundarios del discurso del cual forman parte. En este texto se muestra la utilidad de los mapas conceptuales como estrategia que propicia ejercicios de análisis, argumentación e interpretación. Esta entrega forma parte de otra entrega sobre el mismo tema, ya publicada en este blog, a la cual el lector puede remitirse: Diez pasos para la elaboración de un Mapa Conceptual (MC) y sus criterios de evaluación.

En el contexto aquí presentado podemos afirmar que el mapa conceptual (MC) es una herramienta de análisis que muestra, de manera gráfica, los conceptos principales de un tema y el tipo de relaciones que forman entre sí. La construcción de un MC pone en evidencia la estructura interna de un tema a partir de las principales relaciones lógicas que organizan los conceptos o términos clave.

Ahora bien, desde el punto de vista del aprendizaje, ¿qué competencias pone en juego la construcción de mapas conceptuales? Aparte de la claridad conceptual y su repercusión positiva en la comprensión una temática, la elaboración de un mapa conceptual pone en juego competencias referidas al ‘saber hacer’ en contexto, a saber: el análisis, la argumentación y la interpretación.

Desde el punto de vista del análisis, dicha competencia juega un doble papel. En primer lugar, permite dividir un texto, o un conjunto de textos agrupados en torno a un problema o temática, en los conceptos esenciales que lo articulan (segunda regla del análisis propuesta por Descartes: ‘dividir cada problema en sus partes esenciales’); lo que permite hacer la selección de los conceptos con los que se va a construir el mapa. A su vez, la distinción entre los principales y secundarios de dicha selección requiere otro proceso de análisis. En segundo lugar, el análisis se recae también en la clarificación del o los significados de un término, puesto que, si bien en el MC no se explicita la denotación del término, ni sus connotaciones, es necesario tener una mínima claridad al respecto al momento de elegir, primero, como ya se dijo, de entre todos los términos del discurso, aquellos que, por su relevancia, deben ir en el mapa, y segundo, entre estos, aquellos alrededor de los cuales se despliegan los demás términos en el mapa conceptual. Así mismo, el significado de los términos debe estar claro, o deberá irse aclarando en el proceso de construcción, con el propósito de establecer las relaciones pertinentes entre los mismos. Sin tener claridad conceptual es difícil establecer y determinar el tipo de relaciones entre diversos conceptos.

La efectividad del análisis implica tener, por lo menos, una mínima claridad del significado de los conceptos o términos clave. Suele ocurrir que al momento de iniciar la elaboración del MC, nos damos cuenta de que aun no tenemos claro el significado (denotativo y connotativo) de los conceptos o términos clave, en cuyo caso, el significado de los mismos deberá irse aclarando en el proceso de construcción del MC. Este ‘obstáculo inicial’ resulta constructivo en el sentido en que nos va mostrando lo que tenemos claro y lo que aún no y, por supuesto, lo que hay que hacer para superar el mismo. No hay que perder de vista que la claridad conceptual es un requisito en el momento de establecer las relaciones entre los términos, así como al precisar el tipo de relación entre los mismos, la cual a su vez es un requisito para justificar de manera razonada tales relaciones, tal como se muestra en seguida, al abordar la competencia argumentativa.

Respecto a la competencia argumentativa en la elaboración del MC, la misma se pone en evidencia al momento de determinar las relaciones entre conceptos. En efecto, quien establece la relación entre dos o más términos debe tener por lo menos una razón que la justifique. Lo cual supone estar en capacidad de argumentar en el contexto en el cual se plantea la temática o problema en cuestión las relaciones establecidas, si bien los argumentos no aparecen de manera explícita en el MC. No obstante la justificación de las relaciones entre conceptos es el punto de partida para poner en juego la competencia argumentativa, lo cual sucede en el proceso de elaboración del mismo, como un proceso ‘interno’ del estudiante, o bien, cuando una vez elaborado el MC se requiere justificar formalmente sus relaciones.

Por su parte la competencia interpretativa, aparece en un momento posterior a la elaboración del mapa conceptual, al explicar el sentido de la relación entre dos conceptos. Es decir, al responder cuestiones del tipo: ¿qué quiere decir que el concepto A tiene x relación con el concepto B? La respuesta a esta pregunta requiere asignar uno o varios sentidos a la relación entre el concepto A y el B en el contexto de la temática en cuestión. Se trata efectivamente de mostrar ‘en otros palabras’ el sentido implícito en dicha relación.

En síntesis, el trabajo sobre mapas conceptuales pone en juego en la elaboración del mismo, las competencias analítica y argumentativa, y en el ejercicio posterior de sustentación del mapa conceptual, aparte de las ya señaladas, la competencia interpretativa. Las observaciones sobre la puesta en práctica de las actividades que den cuenta de estas competencias serán objeto de un análisis posterior dado que en este trabajo se hace explícita por primera vez la formulación de las mismas. Sin embargo, al final se darán algunas indicaciones generales para orientar su puesta en práctica. Con lo dicho hasta aquí conviene anotar que la riqueza pedagógica del MC no está solo en el MC como tal, sino ante todo y es el énfasis puesto aquí, en la elaboración del mismo.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

¿Aprender filosofía o aprender a filosofar? Reflexiones en torno a la naturaleza de la enseñanza de la filosofía

Por Edgar Bravo El texto aborda la cuestión de la naturaleza de la enseñanza de la filosofía en tanto que problema filosófico. Para ello, parte de la distinción entre aprender filosofía o aprender a filosofar. En la medida en que se desarrolla esta cuestión, se plantean algunos rasgos que caracterizarían el quehacer filosófico y los textos filosóficos, destacando, el papel fundamental que juegan las preguntas filosóficas. Este ensayo pretende aportar ideas al debate sobre la cuestión de la enseñanza de la filosofía.


La enseñanza de la filosofía reviste la complejidad propia de la filosofía misma. A primera vista, se podría pensar que quien se dedica a la enseñanza de la filosofía trasmite contenidos propios de la filosofía, es decir, las ideas que los filósofos nos han dejado sobre diversos tópicos, y las diversas interpretaciones que han tenido esas ideas a lo largo de la historia de la filosofía occidental. Se trataría, entonces, de hacer accesible al neófito los pensamientos más o me…

Análisis de textos filosóficos.

Por Edgar Bravo ¿Por qué es útil el análisis de textos en el estudio de la filosofía? Ejercicio propuesto para el análisis. El análisis de textos filosóficos desde la perspectiva del proceso de lecto-escritura es de enorme valor pedagógico, en el sentido en que nos da la posibilidad de aprender a ‘leer’ y a ‘escribir’ al modo de quienes han aprendido a pensar de manera profunda y crítica. Al decir de Descartes, relacionarnos con “los buenos libros es como una conversación con los mejores ingenios de los pasados siglos, que los han compuesto, y hasta una conversación estudiada, en la que no nos descubren sino lo más selecto de sus pensamientos” [Discurso del método, Parte I]. Esa ‘conversación estudiada’ a la que se refiere el filósofo moderno nos introduce al saber filosófico y nos posibilita el filosofar. Al leer de manera filosófica aprendemos a desentrañar el sentido profundo del texto, a ir más allá de la literalidad de las palabras, a leer entre líneas, a des-cubrir la fuerza y la r…

Cómo escribir un texto filosófico en 7 pasos...

Por Edgar Bravo Las pautas que se señalan en seguida orientan la escritura de un texto filosófico. Plantear un problema, mostrar sus posibles respuestas y explicitar nuestro punto vista justificado, son las partes que, bien articuladas, constituyen un buen texto filosófico. Si bien no existe una única manera de escribir un texto filosófico, si existen maneras que, bien atendidas, nos permiten comunicar de manera organizada y bien estructurada nuestro punto de vista sobre determinado tema o problema. A este punto conviene aclarar la distinción entre escribir sobre filosofía y escribir filosóficamente. Escribir sobre filosofía no supone necesariamente escribir filosóficamente. Escribir un texto acerca de un filósofo o de tema filosófico no implica necesariamente que la naturaleza de este sea filosófica. Al revés. Puedo escribir un texto filosófico sin que ello implique citar a algún filósofo o hablar de temas propiamente filosóficos. En términos generales, podemos afirmar que las caracte…