15.2.23

Agustín Agualongo: el caudillo de San Juan de Pasto


Edgar Bravo M.

El texto recoge, por un lado, los principales acontecimientos de la vida del caudillo nariñense y las batallas militares en favor de la monarquía española en el proceso de independencia de Colombia, y, por otro, plantea algunas ideas en torno a la controversia formada alrededor de la posición asumida por el pueblo pastuso, liderado por Agualongo, en favor de los intereses del Rey, la Madre Patria y Dios.  

“Aquí fue bárbara mi raza

aquí he luchado, aquí he sido iluso,

y he sembrado mi canto en los vientos

defendiendo su ensueño y su derecho.

Esta es la tierra oscura que ama mi

corazón”

Aurelio Arturo, Esta es la tierra.


“Si tuviera mil vidas, estaría dispuesto

a inmolarlas por mi religión y por el

Rey de España”


Agustín Agualongo

Biografía

Juan Agustín Agualongo Cisneros (1780-1724). Nació en San Juan de Pasto, aunque otras

fuentes señalan que pudo nacer en Jenoy, Anganoy o en la Laguna. El documento clave de

su niñez es el certificado de bautizo que se encuentra en la iglesia de San Juan Bautista. Fue

bautizado a los 3 días de nacido, el 25 de agosto de 1780. Su nombre, Agustín, coincide con

el santo del día según la iglesia que corresponde al del filósofo cristiano san Agustín de

Hipona. Se desconoce cómo haya sido su niñez, aunque se tiene noticia del sito en donde

creció, la calle Hullaguanga

La sangre indígena corría por las venas de Agualongo. Hay alguna fuente según la cual el

apellido Sisneros de su madre remitía a algún antepasado español, aunque es poco probable

que así sea. Su descripción física consta en la ficha de inscripción militar en la Tercera

Compañía de Milicias del Rey, que data de 1811 “mide un metro con cuarenta centímetros;

pelo y cejas negras, ojos pardos, nariz regular, poca barba y una mancha como carate debajo

de los ojos; cariabultado, color prieto y bastante abultado el labio superior”. 

14.2.23

Descartes, la travesía de un viajero


Por Edgar Bravo M.

Más allá de los lugares comunes que ubican a Descartes como el iniciador de la filosofía moderna, como el filósofo racionalista de la modernidad, la pretensión de este ensayo es otra; digamos que tampoco trata acerca de su contribución a la historia de la filosofía, o del análisis de tal o cual problema clásico de la filosofía cartesiana (el cogito, Dios, el método, las verdades eternas, entre otros).


La pretensión de este ensayo es mucho más modesta, marginal si se quiere, pero, en mi opinión, iluminadora y estimulante para pensar la naturaleza de la actividad filosófica. De ahí que no se trata aquí de reelaborar un discurso sobre la filosofía cartesiana, sino de reflexionar sobre aquello que hace Descartes como filósofo. Quizá esa es la mejor manera de aprender a filosofar.