18.11.23

El Chat GPT y el riesgo de renunciar al pensamiento

Por Edgar Bravo M.

La emergencia de nuevas tecnologías de la Inteligencia Artificial como el ChatGPT evidencia, por un lado, sus enormes beneficios, pero, por otro, plantea interrogantes relacionados con la manera en que puede afectar nuestra capacidad de pensar. ¿Estamos ante el riesgo de renunciar al pensamiento en aras de la comodidad? ¿Es preferible con estas tecnologías renunciar a la responsabilidad que implica pensar? No es la primera vez que, ante el surgimiento de nuevas tecnologías, se planteen diversos interrogantes sobre sus posibles efectos no esperados. Este ensayo indaga sobre tales aspectos e intenta mostrar los posibles efectos de renunciar al pensamiento crítico en aras de la comodidad.

Difícil sustraerse, en los tiempos que corren, al impacto de las nuevas tecnologías de inteligencia artificial (IA). Según un informe de Open AI, la empresa creadora del Chat GPT, la implementación de la IA puede afectar hasta un 80% del mercado laboral en Estados Unidos. De esa afectación tampoco se salva la educación.  En este ensayo me interesa abordar los efectos que, en el campo de la educación, y en particular, en la capacidad de pensar puede traer la implementación de dicha tecnología. 

Las inteligencias artificiales ofrecen la posibilidad de ahorrar tiempo y esfuerzo a la hora de realizar tareas académicas tales como elaborar resúmenes, talleres, análisis de textos, ensayos, entre muchas otras. Basta con darle unas indicaciones y el Chat GPT se encarga de hacer la tarea. El riesgo de ceder ante tales tentaciones y ahorrarse el esfuerzo de pensar resulta atractivo para más de un usuario

No es la primera vez que la humanidad se siente amenazada por la aparición de nuevas tecnologías. En la Grecia Antigua, Platón comparaba la invención de la escritura con un fármaco: como un remedio para la memoria y la sabiduría. Y como todo fármaco -del griego phármakon: veneno, hechizo- bien administrado es un remedio que cura y mal administrado, uno que mata, pues, continúa el filósofo, descuidar la memoria, producirá olvido en quienes la aprendan y se harán difíciles de tratar, pues habiendo oído muchas cosas sin aprenderlas, han acabado por convertirse en sabios aparentes, en lugar de sabios verdaderos. 

En 1440, el alemán Johannes Gutenberg, inventó la primera imprenta, fabulosa tecnología que permitía fabricar libros, sin necesidad de escribirlos a mano y con mayor rapidez. Hasta entonces, en los monasterios medievales, las obras eran reproducidas por los copistas a mano y a punta de pluma, raspador y tinta. Con la invención de la imprenta, una de las tecnologías de mayor impacto para la humanidad, se abrió paso a la modernidad. Cada vez más personas aprendían a leer y la difusión del conocimiento se amplió; tanto así que, en el siglo XVII, René Descartes, prefiere escribir en francés el famoso Discurso del Método para llegar a más personas, y no en latín como era la costumbre. Esta vez, los temores llegaron por parte de las élites eclesiásticas y políticas, que veían como la difusión del conocimiento, les menguaba el poder y control sobre la población. En los siguientes dos siglos, comienzan a aparecer en Europa y Estados Unidos las primeras bibliotecas públicas para acceder y democratizar más el conocimiento. 

A mediados de la década de los noventa del siglo pasado, Internet se populariza y esta vez, junto con el motor de búsqueda Google, los temores vuelven a resurgir. Aparece la famosa práctica del copy & page, que consiste en tomar información de una fuente externa y presentarla como propia, sin dar los créditos al autor; si bien esta forma de plagio sigue siendo recurrente en todos los niveles educativos y afecta el aprendizaje y la calidad de la educación, los beneficios de Internet saltan a la vista: el acceso a información prácticamente ilimitada, ágil y fácil obtener, y en diversos formatos como textos escritos, videos, podcast, infografías, entre muchos otros; igual la disponibilidad de  plataformas y recursos educativos, así como la implementación de nuevas formas de comunicación, más económicas y versátiles. 

Las tres tecnologías que acabo de mencionar -la escritura, la imprenta y la Internet- son un claro ejemplo del anhelo humano por superar sus propios límites. Pareciera que ir más allá de las fronteras conocidas está inscrito en el ADN de la humanidad, como si lo propio de su naturaleza fuera transgredir las barreras y explorar nuevos horizontes. Recordemos que Adán y Eva fueron expulsados del paraíso por atreverse a probar el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal. Luego, en Babel, Dios confundió las lenguas de los descendientes de Noé, que hablaban un solo idioma, para evitar que construyeran una torre hasta el cielo, desafiando el poder divino. Como castigo a la soberbia, se confundieron sus lenguas para que no pudieran comunicarse entre sí. En cierta forma, se puede decir que el ser humano siempre ha buscado ser como los dioses. En últimas, el deseo humano de superar los límites establecidos, con sus luces y sombras, ha sido una constante en la historia, impulsando así el desarrollo de nuevas tecnologías. 

En el recorrido hecho hasta aquí he señalado el impacto de la implementación de dichas tecnologías. Como en el mito griego de Prometeo, en el que Zeus en castigo al dios benefactor de la humanidad por robar el fuego para entregárselo a los mortales, engañó a estos enviándoles un obsequio, a través de la bella Pandora, una vasija que contenía todos los males y que, al ser abierta por curiosidad, los esparció por la faz de la tierra. A todos menos a uno: la esperanza. ¿Y qué hacía esté bien dentro de la vasija junto con los otros males? Era parte del engaño divino. Un bien ambiguo. Una bendición cuando se trata de soportar los males presentes, pero un engaño si se confía en ella ciegamente, por encima de las expectativas reales.

El Chat GPT continúa está historia de la invención de nuevas tecnologías y su ambigüedad respecto a los beneficios. Un fármaco puesto al bienestar de la humanidad. Bien utilizado favorece la capacidad de razonamiento ya que puede procesar muchos datos, explorar diversas perspectivas de un problema, fomentar la creatividad, la experimentación y el intercambio de ideas. Sus mayores fortalezas están en la rapidez del procesamiento de datos y en el manejo de un lenguaje cada vez más natural y espontáneo. En cuanto a la precisión y exactitud, aún tiene fallas, pero cada versión las ha ido soslayando. Cada vez identifica mejor el contexto y, al tener acceso a Internet, genera mejores respuestas actualizadas.

Pero también trae sus riesgos, el mayor de ellos a mi parecer, dejar que el Chat GPT sustituya nuestra capacidad de razonar.  Renunciar al pensamiento -como decía Kant- no por falta de inteligencia, sino por causa de la pereza y comodidad para servirse por sí mismo de la propia razón: si puedo pagar no me hace falta pensar: ya habrá otros que tomen en mi nombre, tan fastidiosa tarea. Como en el caso de la esperanza, ese otro "fármaco del alma", el uso irreflexivo y en la dosis incorrecta del Chat GPT, puede convertirse parafraseando a Kant, casi en una segunda naturaleza, renunciando con ello a un rasgo que nos hace humanos: la capacidad reflexiva. Y ya sabemos, a la hora de actuar, tal como lo han mostrado dos filósofas, Martha Nussbaum y Hannah Arendt, lo frágil que puede ser el bien y lo banal, al cometer el mal. 

La ambigüedad está presente. Los riesgos y beneficios saltan a la vista. Renunciar a pensar tiene implicaciones y consecuencias graves. ¿Podremos ser capaces de hacer un uso adecuado de dicha tecnología sin renunciar a nuestra capacidad reflexiva? ¿El Chat GPT va a contribuir a la deshumanización de la sociedad? ¿Saldremos avante, como ha pasado con las otras tecnologías, superando con creces las desventajas? ¿Estamos a los albores de una época esplendorosa para la humanidad? No me atrevo a pronosticar. Lo cierto es que las ansias de conocimiento no van a parar, ese anhelo prometeico nos pertenece. Ojalá esta vez el costo tampoco sea demasiado altoj

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