Por Edgar Bravo M.
La distinción entre ética y moral es una cuestión discutida a lo largo de la historia del pensamiento. Aunque en las situaciones de la vida cotidiana suelen utilizarse de manera indistinta, existen diferencias conceptuales y prácticas que resultan fundamentales para una comprensión profunda de la acción moral. En este texto se refiere a estas diferencias y destaca cómo las mismas varían según los diferentes contextos filosóficos.
1. Etimología
Un punto de partida para establecer la distinción entre ética y moral es remontarse a la etimología de los términos. El término ética proviene del griego ethos (ἦθος) que significa "costumbre", "carácter". En este sentido hace referencia a un modo de ser y de comportarse que es deseable para una comunidad. Por su parte, el término moral proviene del latín mos, moris, que también significa “costumbre”, haciendo referencia a las normas y costumbres que regulan los modos de comportarse de los individuos en una comunidad. En esta perspectiva la ética y moral hacen referencia a las costumbres deseables que rigen el comportamiento de una comunidad. Siendo así, no encontramos diferencias sustanciales entre los dos términos. A modo de ejemplo, la ética en la Atenas clásica se refiere a las costumbres consideradas virtuosas socialmente; mientras que la moral se utilizaba en la antigua Roma en el contexto de las leyes y normas que regulan el comportamiento.
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2. La ética como estudio de la
moral
Desde una
perspectiva filosófica, podemos considerar a la ética como disciplina de la
filosofía que estudia la moral. En este sentido, ética y filosofía moral
aluden a lo mismo: al estudio de la acción moral, específicamente a la
reflexión y análisis sobre los principios, fundamentos y evaluación de las
normas y acciones humanas desde el punto de vista de lo que es moralmente
correcto.
Desde esta perspectiva, encontramos la ética
prescriptiva o normativa encargada de determinar la corrección de las
acciones morales con referencia a ciertos parámetros o principios éticos; por
ejemplo, examina si es moralmente correcto mentir en determinadas situaciones.
Por su parte, la metaética examina el lenguaje moral y lo que queremos
cuando afirmamos que algo es ‘bueno’ o ‘malo’, o ‘justo’ o ‘injusto”,
‘correcto’ o ‘incorrecto’, o que existe “responsabilidad moral”. En otras
palabras, realiza un análisis del significado y uso de la moral. Por su parte,
la ética aplicada estudia los principios morales en contextos
específicos –como la bioética o la ética empresarial– y aborda dilemas
específicos, tales como el uso de animales en la experimentación científica, la
implementación de prácticas sostenibles que minimicen el impacto ambiental de
las operaciones de una empresa. o el debate sobre la eutanasia en el ámbito
médico.
3. La ética como ideal o deber ser
Desde
otro enfoque, mientras la ética se enfoca en el contexto de lo universal, de
los ideales de la razón, del "deber ser", la moral se ubica en
el contexto de lo particular, de lo concreto, esto es, en el reflejo de las
normas, valores, costumbres y acciones específicas de una persona, grupo o
comunidad específica. Así, por ejemplo, mientras la ética kantiana busca establecer
los imperativos categóricos válidos para todo ser racional, la moral, por su
parte, se refiere a las prácticas, valores y tradiciones culturales que
efectivamente se dan en una comunidad. Dicho en otros términos, mientras la
ética es pensada, la moral es vivida.
- La ética como sabiduría práctica (Aristóteles)
Para Aristóteles, la filosofía práctica
viene a ser una forma de sabiduría práctica (phrónesis); es una virtud
que permite deliberar correctamente sobre lo que es bueno en situaciones
concretas. No se trata simplemente de aplicar conocimientos teóricos sobre la
ética, sino de una sabiduría que posibilita decidir en cada caso cuál es la
acción más adecuada en aras de alcanzar la vida buena (eudaimonía =
felicidad). La sabiduría práctica puede entenderse como una combinación entre
sensibilidad, razonamiento y sentido práctico, fruto de la experiencia y de
cierta experticia, lo que podríamos llamar un verdadero “arte de vivir”.
Implica atención a las circunstancias particulares y busca evitar tanto el
relativismo absoluto como el dogmatismo.
5. La ética y la moral como
sinónimas
En
el lenguaje corriente, los términos ética y moral tienden a usarse de manera
intercambiable. En efecto, en la vida cotidiana, las personas usan ambos
términos para referirse a acciones o conductas correctas. Así, por ejemplo, en
una reunión de trabajo, alguien podría decir: "Desde una perspectiva
ética, debemos rechazar cualquier forma de corrupción" o "Desde una
perspectiva moral, la corrupción es inaceptable". Ambos enunciados son
entendidos como condenas de la corrupción, aunque el término utilizado varíe.
6. Eticidad y Moralidad
Ambos
términos, desarrollados por Hegel, se remontan, en el caso de la eticidad, a la
tradición aristotélica según la cual la plena realización del individuo solo es
posible dentro de la comunidad política, al interior del ethos; esta
concepción parte de la naturaleza social del ser humano, definido por
Aristóteles como un zoon politikón, un animal político; mientras que en
contraposición, el término moralidad, de origen kantiano, se considera como
aquello que define la dimensión moral y autónoma del individuo, regida por
principios morales universales. En la actualidad, el debate entre eticidad y
moralidad se expresa, de manera más o menos equivalente, en el debate
filosófico estadounidense, específicamente en términos de comunitarismo y
liberalismo.
7. El moralismo como desviación
de la reflexión ética
En
ciertos contextos, se hace necesario distinguir entre la reflexión ética y el moralismo,
entendido como una actitud que reduce la moral a un conjunto de juicios
rígidos, sin apertura al análisis ético ni sensibilidad al contexto. El moralista,
en este sentido negativo, tiende a ser dogmático e intolerante, juzgando las
acciones de los otros desde sus propios valores morales, a veces con
hipocresía, sin considerar los contextos particulares ni los dilemas éticos
implicados. Esta postura puede derivar en una forma de autoritarismo moral que
empobrece el diálogo y obstaculiza la comprensión profunda de la acción humana.
La ética, por el contrario, exige apertura, reflexión crítica y reconocimiento
de la pluralidad de perspectivas.
[i] Licenciado en
filosofía, Universidad del Valle, Especialista en Docencia Universitaria,
Universidad Icesi. Mg. en Educación, Universidad Icesi. Docente Universidad Icesi.

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